martes, 25 de diciembre de 2018

Cómo el Grinch se robó la navidad y yo era su ayudante

"¿Y que sucedió luego...? Bueno... en la Villa de los Quién dice que el pequeño corazón del Grinch aumentó tres veces su tamaño aquel día. Y en el minuto que su corazón no se sintió tan estrecho, silbó con su carga a través de la clara y brillante mañana, y devolvió los juguetes. Y la comida para el banquete. Y él... ¡ÉL MISMO!... El Grinch, trinchó una bestia asada."

Pocas personas saben que el Grinch no es solo una película, sino más bien una película basada en un cuento maravilloso y sobre todo, con un final feliz.

Yo pasé de odiar la navidad a tararear "Con mi burrito sabanero" , a descansar las tardes con Frank Sinatra de fondo y buscar mil decoraciones en Pinterest.

Si conservara la misma cuenta de Facebook de hace diez años y me mostrara los recuerdos creo que todo era ¡QUEJAS! ¡QUEJAS! ¡QUEJAS!...especialmente por estas fechas. Yo un día también me enorgullecía en sentirme la Grinch de la familia y despreciaba las tradiciones. Me parecía aburrido y ridículo porque lo veía desde mi cueva.

Cada diciembre buscaba emociones nuevas, algo diferente para hacer desde cambios drásticos de color de cabello hasta viajes improvisados huyendo de mi realidad;  todo por evitar el ambiente navideño, o muchas cosas implícitas.

Evitaba a mi familia, buscaba las casas de mis amigos donde "no estuviera aburrido" y pretendía encontrar la alegría de muchas formas.  Pero por más que buscara siempre estuve en el lugar equivocado. Donde sea que estuviera siempre deseaba estar en otro lado.
Toda persona amargada tiene un motivo, a veces desconocido, pero lo hay.

El Grinch odiaba Navidad! ¡Todo lo relacionado a la Navidad!
Ahora, por favor, no preguntes por qué. Nadie sabe con certeza la razón. Podría ser que su cabeza no estuviera bien "atornillada". Podría ser, tal vez, que sus zapatos apretaran demasiado. Pero yo pienso que la razón más probable de todas podría haber sido que su corazón era dos veces demasiado pequeño."


¿Qué cambió?

Como el Grinch solo bastaba acercarme al "ruido" para ver de qué se trataba esa felicidad. Cuando uno está amargado la felicidad de los demás incomoda y cualquier pretexto es bueno para seguir escondiéndose en su propia cueva llena de oscuridad. Pero al acercarse a la luz y rodearse de personas que irradian alegría, las cosas automáticamente comienzan a cambiar.

Dejé entrar a Jesús a mi corazón y todo vino por añadidura, el amor, la familia, la alegría.

Pude darme cuenta que la navidad es perdonar al que te ofende, es compartir en la escasez o abundancia con el amigo, es brindar una mano al necesitado, es recordar historias familiares, es disfrutar los primeros pasos de los bebés, reír con sus primeros bailes, incluso es hacer sonreír a un anciano en su lecho de muerte.

No importa que esta época esté llena de consumismo, todos somos consumistas cuando nos conviene, pero si esta temporada permite más actos de bondad que el resto del año simplemente porque se puede, entonces seamos buenos.

Disfrutemos del amor, disfrutemos de la reacción de un niño al ver miles de luces en un árbol o al recibir un regalo, disfrutemos de la receta de la abuela solo por ver el brillo en sus ojos por sentirse útil y amada y por tener a su familia reunida.

"No perdamos la ilusión de la navidad porque los que ya no están son los que nos enseñaron a vivirla". Mientras mantengamos vivas sus tradiciones, mantendremos vivo su recuerdo y su legado.

La navidad es recordar que Jesús nació y si Jesús está en nuestros corazones no hay cabida para la amargura. Si él pudo conmigo puede con cualquier otro Grinch.

Jesús nos pidió ser como niños, no por ingenuos. Los niños ven las cosas más claras porque ven la luz y una luz nunca se puede esconder.

Por los que ya no están, por los que se irán pronto y por los que se quedan. En honor a los abuelos.

Serendipiteando por
Katya Sifontes de Guerra

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